©2018 IMA GO!

BLOG

Perú 2026: La Elección que estamos leyendo mal

por Ima Go! 6 April 2026

Comparte este artículo:

Una lectura desde IMA GO! sobre lo que las encuestas están mostrando… y lo que todavía no aparece.

Por Alexander Pérez
Director General de IMA GO!

En una elección fragmentada, leer encuestas como si fueran pronóstico puede ser más cómodo que correcto. Esta nota propone otro marco: no mirar solo quién lidera hoy, sino qué parte del electorado todavía no entra en la foto.


Hay algo que no estás viendo. Y no es menor.

Se está instalando la idea de que la elección ya se ordenó, que el voto encontró su cauce y que, a estas alturas, solo queda observar cómo se reparten los puntos entre los que ya están arriba. Es un marco cómodo, casi tranquilizador, porque convierte la incertidumbre en una especie de aritmética predecible.

Y justamente por eso es peligroso.

Cuando miras las encuestas en conjunto (no una, sino todas, hasta a las que las “del gremio” acusan como “no serias”) no aparece un escenario que se esté cerrando. Aparece otra cosa: nadie rompe, el segundo lugar no termina de existir como tal y, sobre todo, hay un bloque importante que no está claramente dentro de ninguna opción.

No es una elección abierta. Es, más bien, una elección en pausa.

Para no caer en el juego de la bola de cristal, vale la pena ordenar esto en cuatro criterios simples. No para adivinar quién pasa, sino para entender por qué lo que estamos viendo no alcanza.

El primero es la tendencia.

Sí, hay un primer lugar en las encuestas. Pero en un escenario donde nadie supera con claridad el 15%, eso no es liderazgo, es simplemente no haberse caído todavía. La tendencia sirve para ordenar la conversación, pero no define la elección. Confundir una cosa con la otra es el primer error.

El segundo es el voto que no está en la foto.

Aquí suele hablarse de “indecisos”, pero la palabra queda corta. No se trata solo de gente que no sabe. Es gente que no responde, no se identifica o no quiere elegir lo que ve. No es indecisión; es distancia.
Ese bloque no está bien capturado y, sin embargo, es lo suficientemente grande como para mover el resultado cuando decide moverse. Ignorarlo y mirar a otro lado fondeando su existencia al final del reporte, porque no encaja bien en la medición es más cómodo que correcto.

El tercer punto es el más incómodo, porque rompe la lógica más enseñada.

Se asume que el voto se redistribuye: que si uno sube es porque otro baja, que el crecimiento es siempre a costa de alguien más. Ese modelo funciona cuando el electorado ya está definido, cuando la elección entra en su fase final de ordenamiento.

Pero ese es justamente el supuesto que hoy no aguanta.

Aquí el voto no solo se reparte. También aparece. Y cuando aparece, no respeta la distribución previa: la rompe.
Ese es el modelo que se enseña, el que explica cómo debería comportarse una elección. Indecisos que disminuyen, votos que se concentran, punteros que absorben. Esto funciona cuando la elección progresa de formal normal.
El problema es que esta elección, y la pasada, no lo son. Y las siguen tratando como elecciones convencionales.

Por eso el error no es de datos. Es de marco.

El cuarto criterio es el voto castigo.

El rechazo al sistema político (al Congreso, a los partidos, a la oferta en general) no está produciendo una alternativa clara. No está ordenando el tablero; lo está fragmentando. Por eso vemos subidas rápidas, candidaturas que se inflan en poco tiempo y que, apenas se definen, empiezan a perder aire, como la de Grozo al inicio, Nieto, López Chau y seguramente Belmont (!).

No es consolidación. Es desplazamiento.

Con esos cuatro elementos sobre la mesa, la pregunta cambia.

Esta elección no la define quién está primero hoy. La define quién logra activar a los electores que hoy no están jugando.

Ahí está la clave.

Por eso hay candidaturas que crecen sin una estructura evidente ni campaña. No necesariamente porque convenzan más, sino porque todavía no incomodan lo suficiente. Funcionan como una especie de contenedor temporal de un voto que no quiere ir a los de siempre, pero en el momento en que se definen —cuando toman posición, cuando muestran con quién están, cuando vemos que improvisan a sus vicepresidentes, cuando no tienen respuestas claras a los dolores del peruano de hoy— empiezan a perder esa elasticidad.

¿Y las encuestas?

No están mal. El problema es que están incompletas.

Muy chancones, los encuestadores están leyendo la parte visible del fenómeno: lo que hoy se declara, lo que hoy responde, lo que hoy entra en el cuestionario. Pero esta elección, como ya pasó antes, se termina de definir con lo que aparece tarde, con lo que no se dice, con lo que no entra limpio en la foto.

A estas alturas, hay tres cosas que sí se pueden afirmar sin humo.

Que el primer lugar es hoy más probable que otros, pero no está asegurado. Que el segundo lugar, en la práctica, todavía no existe como algo consolidado. Y que hay espacio real para que alguien que hoy no lidera termine entrando.
No por sorpresa, sino porque el propio escenario lo permite.

El lunes después de las elecciones

Por eso, cuando llegue el resultado, la discusión probablemente será la misma de siempre: que las encuestas fallaron, que no vieron venir lo que pasó, que se equivocaron en la foto final.
Y, otra vez, ese no será del todo el punto.

El problema no es que midan mal.

Es que están midiendo lo que se ve… en una elección donde lo decisivo todavía no aparece.

 

CONVERSEMOS. SE VIENE OTRA CAMPAÑA. GÁNALA.

 

Comparte este artículo:

SIGUIENTE ARTÍCULO

Nunca fue tan fácil saber tanto y comprender tan poco

por imape 03-11-2025